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18 - En marchaPartimos de Oviedo a la mañana temprano, pues el viaje era de más de 800 km y queríamos hacerlo con luz de día por si surgía algún problema. Marcos decidió tomar las autopistas que pasan por Cantabria, Navarra, Aragón, Cataluña, ya que no quería pasar por Madrid, pues le habían comentado que el tráfico por allí era muy intenso,y además las temperaturas serían mas altas. Bordearíamos el pre-pirineo y saldríamos directo a Barcelona. La furgoneta estaba cargada al máximo, y a la primer cuesta no pasábamos de 80 km/h, pero no importaba, ya que no queríamos forzarla para no tener problemas mecánicos. A eso de las 3 de la tarde, luego de parar muchas veces, y ya en tierras de Navarra, cansados y aturdidos de 8 horas de viaje, parámos para comer en un bar de la autopista y nos sorprendió que al entrar toda la gente estaba en silencio y mirando al televisor, incluído el camarero de la barra. Miré a Marcos como diciéndole ¿que pasa aquí?, pues la situación no era normal. También miramos el televisor y nos pareció que estaban pasando una película donde se veía un avión que chocaba contra un edificio muy alto y luego este se desplomaba. No entendíamos porque una pelicula así llamaba tanto la atención, ya que recién al tercer intento de pedir algo para comer, el camarero nos atendió. Luego de un rato nos dimos cuenta que era un noticiero, y que las imágenes que se veían eran echos reales. Quien se iba a imaginar que justo viajaríamos ese 11 de setiembre, que marcó la historia con un atentado inconcebible. Al caer en la cuenta de lo que estaba sucediendo, no podíamos creer lo que estaba pasando y quedamos también nosotros en silencio, como el resto de los comensales. Ese día, marcado por la coincidencia de nuestro traslado y el atentado a las torres gemelas en Nueva York, será imborrable en mi memoria. Nos costó volvernos a conectar con nuestra realidad, y continuar el viaje. Llegamos ya de noche a Barcelona, donde ahí se celebraba la Diada, fiesta nacional de Cataluña. Nos dirigimos a un pueblo a 30 km de distancia, muy cerca de Montserrat. Al llegar, ya muy entrada la noche, buscamos una gasolinera y nos dispusimos a dormir en la furgoneta. El viaje, con todas sus incidencias y echos ocurridos, fué el más agotador que he vivido.
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